La sorpresiva renuncia del ahora ex arzobispo de La Plata, Gabriel Mestre, sacudió todos los estamentos de la Iglesia Católica y sembró incógnita sobre la trama detrás de su partida. El pedido personal del Papa Francisco y la inestable situación de la Arquidiócesis de Mar del Plata, de donde provenía, dos ejes claves del anuncio.
“Días atrás, la Santa Sede me convocó en Roma a dialogar sobre algunos aspectos de la Diócesis de Mar del Plata luego de mi traslado a la Arquidiócesis de La Plata al ser designado arzobispo metropolitano por el Papa Francisco”, precisó Mestre a través de la carta en la que se oficializó su dimisión.
“En la Ciudad Eterna, después de confrontar algunas percepciones distintas con lo acontecido en la Diócesis de Mar del Plata desde noviembre de 2023 hasta la actualidad, el Papa Francisco me pidió la renuncia a la sede platense. Con profunda paz y total rectitud de conciencia ante Dios por cómo obré, confiando en que la Verdad nos hace libres (cf. Jn 8,32), y con obediencia filial y teologal al Santo Padre, inmediatamente redacté mi renuncia, que fue aceptada y hecha pública el día de hoy”, sumó en la misma carta.
Si bien no hace mención a nombres ni episodios concretos, el pasaje en el que hace referencia a los “aspectos” ocurridos en la Diócesis de Mar del Plata estaría vinculado al polémico traslado del sacerdote Luis Albóniga a la Diócesis de Jujuy, en un movimiento que fue muy cuestionado por los feligreses marplatenses.
El traslado se dio para llevar a cabo un procedimiento canónico que esclarezca “su actuación” como administrador de la diócesis marplatense, rol que ejerció entre septiembre de 2023 y enero de 2024, según explicaron fuentes eclesiásticas.
No obstante, este fue el último movimiento de una serie de hechos que hicieron eco: en menos de tres meses renunciaron dos obispos. El 21 de noviembre, el Papa Francisco nombró Obispo de Mar del Plata a Mons. José María Baliña, hasta entonces Obispo Auxiliar de Buenos Aires. Sin embargo, el 13 de diciembre comunicó su renuncia al nuevo cargo por problemas de salud, personales y familiares.
Ese mismo día, el Sumo Pontífice nombró a Mons. Gustavo Larrazábal —entonces Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de San Juan de Cuyo— como obispo de la diócesis marplatense. Su toma de posesión estaba prevista para el 20 de enero, aunque el 9 de enero un medio local informó sobre una serie de denuncias que una mujer habría presentado contra él por presunto abuso de poder y acoso entre 2007 y 2013, y finalmente el Papa Francisco aceptó su renuncia el 17 de enero.
Finalmente, el Papa Francisco decidió enviar a Mons. Ernesto Giobando como administrador apostólico a la Diócesis de Mar del Plata, quien asumió su tarea el 19 de enero y se mantiene hasta el momento.